¿A partir de qué necesidades surgió la idea de constituir el GRHiS en nuestra Facultad?
Lo que representa el Grupo es la formalización de una línea de trabajo de hace muchos años, que se potenció en los últimos años por el hecho de que se agregó más gente. Los primeros años yo trabajé durante mucho tiempo solo, en el sentido de que lo único que tenía eran becarios, alumnos. Pero ahora tenemos un grupo de profesionales, profesores, que están trabajando en la misma línea nuestra, del agua; y entonces ahí sí, nos damos la oportunidad de constituir un grupo para formalizarlo. Fue una consecuencia natural del hecho de ir formando gente, mucha se va, y por suerte otra se queda en la Facultad. Y tener intereses comunes en el área de la Hidráulica, la Hidrología, la Ingeniería Sanitaria, nos permite tener un grupo.
¿Cuáles son las principales líneas de investigación del GRHiS?
Nosotros tenemos tres ramas en esta área, que son la Hidráulica, que tiene que ver con los fenómenos físicos del movimiento del agua, velocidades, turbulencias, etcétera. La Hidrología, que tienen que ver con el ciclo hidrológico, cómo se mueve el agua en la naturaleza, en el ambiente; la precipitación, la infiltración, el escurrimiento, la evaporación. Y la Ingeniería Sanitaria, que tiene que ver con el agua como medio de vida de las personas, tanto lo que es la provisión del agua potable como la gestión de los residuos cloacales. Siempre alguna tarea que hagamos aquí va a estar en alguna de esas tres líneas. Hoy tenemos dos proyectos en marcha, homologados, uno en el área de Hidráulica, otro en Hidrología; y bueno, creemos que este año va a poder lanzar el primero del área sanitaria porque se está formando un grupo de trabajo interesante.
¿De qué se trata ese trabajo del área sanitaria?
Bueno, ellos están trabajando en la caracterización del funcionamiento de un filtro de arena, ya no para el tratamiento del agua que es lo que habitualmente se implementa, sino para el tratamiento de efluentes cloacales. Ver qué eficiencia tiene ese sistema, que no es de primera tecnología mundial, pero sí que es muy adaptable a la realidad de muchos lugares del país; sobre todo aquellos donde escasean los recursos y los recursos humanos para gestionar las plantas. Un grave problema que tienen las plantas de tratamiento de efluentes cloacales es que requieren personal especializado, ingenieros, para que eso funcione. Y en muchas localidades del país eso no existe ni va a existir, entonces no se puede llevar una planta de última tecnología a un pueblo que tiene 500, mil habitantes, donde nadie puede ponerlo en funcionamiento, menos que menos mantenerlo o repararlo. En cambio, una tecnología de base física, sencilla, como podría ser un filtro, tal vez no tenga la eficiencia de una planta de primerísimo nivel; pero sí que tiene la posibilidad de operarse con relativamente con poca formación y, por lo tanto, es mucho más óptima que la solución de primer nivel de tecnología.
¿Cuál sería la proyección de estas investigaciones en lo académico?
En realidad, ocurre el proceso inverso. Hace unos años ya, hemos venido planteando en el Dpto. Ingeniería Civil, una línea de materias electivas- optativas, que justamente enriquecen la parte de Recursos Hídricos, que normalmente suele ser la menos destacada en los departamentos de Ingeniería Civil; esto no es una crítica, es algo sistémico. Entonces, tenemos materias como Hidrología Urbana, que no tiene equivalente en ninguna otra Universidad de Córdoba; Sistemas de Información Geográfica, que es un tema colateral pero fundamental para la gestión de los recursos hídricos; Obras fluviales y Marítimas, Uso de Recursos Hídricos. Y es en esas materias donde hemos encontrado el semillero de alumnos avanzados que después han venido al laboratorio a desarrollar sus trabajos finales, sus tesinas, sus becas. Y algunos de ellos se han quedado, han pasado a formar parte del plantel docente, o sea que, en realidad, ahora nosotros agradecemos a esa formación por los recursos humanos que hemos recibido.
Claro, pero se puede dar también que desde la experimentación se enriquezca lo teórico…
Sí, claro. Nosotros tenemos un proyecto que es la Diplomatura en Hidroinformática, que vamos a largarla ahora en el segundo semestre. Esto es nacido acá, en el GRHiS, que es una carrera que si bien no es de posgrado, es una Diplomatura Superior porque está orientada a profesionales, a egresados de las carreras de Ingeniería Civil, Ambientales, de la Geología, relacionados con cuestiones ambientales; donde enseñamos todo lo que son las técnicas de software para la gestión de recursos hídricos, programas de cálculo de Hidrología, de Hidráulica, de Ingeniería Sanitaria, Hidráulica subterránea, muchas áreas; y esto lanza a ahora, en el segundo semestre. La idea es difundirla a nivel nacional, porque esta carrera va a tener tanto la versión presencial que vamos a dictar como simultáneamente una versión a distancia, sincrónica; es decir, va a haber gente de todo el país tomando el curso simultáneamente y pudiendo interactuar con el docente, con sus compañeros, con un sistema de videoconferencia que vamos a implementar. Será una experiencia interesante, esta Diplomatura no tiene equivalente en el país, sería la primera en el país. En otros países, hay algunas, sí; en Latinoamérica hay una en Perú. En Europa y Estados Unidos, también. La idea es -si esto prospera- en el futuro avanzar más adelante en el posgrado, pero bueno, esta sería la primera experiencia.
¿Cómo afecta el cambio climático al régimen de lluvias y a las variables que tienen en cuenta en sus investigaciones?
Lo que ocurre, lo que se ha observado, eso depende del lugar del mundo, pero estoy hablando ahora de nuestro país, más bien de la zona núcleo, Córdoba, Buenos Aires, Santa Fe, lo que se ha observado estadísticamente es que producto del incremento de las temperaturas, más allá de la causa que lo provoque, -que es evidente- hay un incremento en la frecuencia de los eventos extremos, es decir, tal vez no de la magnitud de estos, pero sí de la frecuencia; es decir la cantidad de veces que se repiten, esto es, lluvias que eran excepcionales, extremas, que ocurrían una vez cada tantos años ahora ocurren capaz que todos los años o varias veces al año. Y eso tiene un impacto directo, por ejemplo, en la gestión del escurrimiento pluvial urbano; desde las cunetas, las bocas de tormenta, los conductos, las lagunas de detención fueron diseñadas para una probabilidad de ocurrencia de la lluvia que ya no se conserva, se ha alterado. Entonces, una lluvia que uno decía “vamos a diseñar con esta lluvia que tiene una recurrencia de diez años, en promedio”, para que se entienda, en promedio a lo largo de muchísimos años, esa lluvia se daría una vez cada diez años más o menos, puede ser cada ocho o doce. Esa misma lluvia, hoy, si uno analiza los últimos años de los registros pluviométricos, puede haber bajado a un período de retorno de cinco o dos años; producto de este incremento de la frecuencia de ocurrencia de los eventos extremos; debido a esta reactivación del ciclo hidrológico, digamos. Esta es una consecuencia directa, en lo urbano. En lo rural, bueno, lo estamos viendo, pasamos de eventos de sequías extremas a quizás, en un par de años, a inundaciones severísimas; como nos ha ocurrido hace unos años atrás en las zonas productivas y eso tiene una repercusión directa en la economía del país.
¿Trabajaron sobre el tema de los incendios en nuestra provincia?
Hemos trabajado el tema de los incendios, pero no vinculados con el cambio climático, sino a la perturbación que provocan los incendios forestales en la capacidad de infiltración del suelo. Esto sí, lo hemos estudiado varios años, experimentalmente.
¿Experimentalmente? ¿Y a qué conclusiones sobre la capacidad de infiltración arribaron?
Las reducciones en la capacidad de infiltración del suelo son muy significativas, si no recuerdo mal, en el orden del 35% menos en la capacidad de infiltración. Eso es un número muy grande, porque tiene dos efectos: uno a corto plazo y uno a largo plazo. Uno peor que el otro. El efecto a corto plazo, en una cuenca rural de la montaña, por ejemplo, si hay menos capacidad de infiltración entonces la lluvia que precipita ya no se infiltra tanto y, por lo tanto, escurre. Eso hace que los caudales de crecida sean mucho más grandes. Y las crecidas, a igualdad de lluvia se vuelven más peligrosas, más agresivas, más violentas. Además, el hecho de que se haya quemado la cubierta vegetal de la cuenca hace que la crecida sea no sólo de agua, sino que arrastra todos esos nutrientes
-como se llaman en Hidrodinámica Ambiental- y eso termina, en nuestra realidad, en los lagos. Muchos de ellos, proveedores de agua potable de las ciudades. Toda esa carga de cenizas, nitrógeno, fósforo, que aporta el material arrastrado por la crecida genera una degradación de la calidad del agua de los embalses y eso produce una degradación de la calidad del agua potable servida; eso es directo. A mediano o largo plazo, o al año siguiente digamos, ocurre algo tan o más grave que eso: como buena parte de la precipitación escurrió y no se infiltró porque se redujo la capacidad de infiltración del suelo, entonces ha ingresado menos agua al suelo. Como ha ingresado menos agua al suelo, entonces el agua subterránea disponible es menos; y esa agua subterránea es la que nos da agua a nosotros, en los ríos, cuando no llueve. Es decir, el río se alimenta de esa agua subterránea, si esa agua disminuye en su cantidad es evidente que lo que va a ocurrir es que los caudales de estiaje –es decir, los caudales de mínima del invierno- van a ser cada vez más pequeños; y hay que recordar que nosotros dependemos de esos caudales para vivir. Entonces, hay dos efectos, el de corto plazo y el de largo plazo; los dos igualmente perjudiciales.
¿Y estos estudios sobre incendios en qué períodos se llevaron a cabo? ¿Qué años tomaron?
Nosotros no trabajamos con datos de campo, lo que hicimos fue trabajar en forma experimental. Es decir, lo que nosotros hicimos fue trabajar con un equipo, que lo venimos desarrollando hace muchos años, que es un conjunto de simuladores de lluvia. Un simulador de lluvia es un aparato que simula una precipitación controlada; uno puede decir que intensidad de lluvia puede generar, durante cuánto tiempo va a caer la precipitación. Entonces medimos la capacidad de infiltración en distintos lugares, en condiciones originales, naturales, y después aplicamos fuego, quemamos la parcela de estudio, con una cantidad de energía equivalente a lo que sería un fuego de un incendio forestal típico y luego volvimos a hacer el experimento con la misma intensidad de lluvia, la misma duración, etc., para ver cuál era el escurrimiento, que es lo que medimos directamente, y por lo tanto indirectamente, la infiltración. Y esto lo hicimos muchas veces, en varios sitios, bajo distintas condiciones y bueno, obtuvimos en promedio ese número, que es una reducción de 35 por ciento , 40 por ciento, en la capacidad de infiltración. Cosa que coincide bastante con lo que han hecho otros investigadores, en Australia, en California, en España, por ejemplo; que son lugares que están azotados por los incendios, igual que nosotros. Y que tienen más experiencia. Pero son condiciones muy locales, depende del suelo, la vegetación, es muy característico del sitio esto.
¿Nos podría comentar, según su criterio, cuáles son las obras de Ingeniería Hidráulica existentes más importantes y por qué?
Bueno, obviamente todas las presas que generan hidroelectricidad son fundamentales. Yo soy un convencido, a diferencia de lo que piensan muchos, de que la hidroelectricidad es una energía renovable y es una energía amigable con el ambiente, mucho más que las generadoras térmicas que lo único que hacen es emitir dióxido de carbono a la atmósfera y así estamos con el clima, ¿verdad? Está bien, por supuesto que un embalse genera un impacto local, pero hay que pensar en términos de planeta hoy en día. Y, lamentablemente, la era que nos tocó como humanidad es la era de la energía, de algún lado hay que obtenerla, hasta tanto no estén afianzadas las tecnologías alternativas, como ser la eólica o la solar. Y la hidroelectricidad es la menos perjudicial, ni siquiera consume agua, ni siquiera perturba su calidad; al contrario, en muchos casos está demostrado que se mejora, el caso del San Roque es un ejemplo. Aguas debajo de la turbina de la central San Roque, que está pasando Calera, la oxigenación que introduce la turbinación mejora en buena proporción la calidad del agua que le llega después al Diquecito y que toma la Central Suquía, la Planta Suquía. Si no estuviera la Central San Roque, le puedo asegurar que la Planta Suquía tendría bastantes más problemas para tratar el agua potable. Pero bueno, la Central San Roque es una central pequeña, están las grandes centrales Chocón Cerro Colorado, Alí Curá, Yaciretá, Salto Grande, Cabra Corral en Salta… Lamentablemente, la Argentina no ha desarrollado la matriz de la energía hidroeléctrica como sí lo han hecho otros países como Brasil, en ese país, el 75 por ciento de la energía es hidroeléctrica. Y nosotros tenemos el potencial, pero bueno no la hemos desarrollado y la mayor parte de la energía que consumimos es a costa de quemar combustibles fósiles, que no se recuperarán nunca más y que lo único que hacen es aportar contaminación a la atmósfera. Por supuesto, también es importante la obra de hidrovía, el dragado del río Paraná para navegación. Y bueno, por supuesto, el día que se construya ese acueducto para traer agua desde el Paraná va a ser importante. Aunque yo insisto en que alguien debería evaluar el impacto ambiental de eso. Porque el incremento instantáneo, sustancial, en el agua que está entrando a la provincia como sistema hídrico algún impacto va a tener. Me gustaría que alguien lo evaluara de algún modo, para después no llevarnos sorpresas desagradables. Está claro que el agua hace falta, porque la gente va a seguir creciendo en cantidad y el agua que tenemos es insuficiente y de algún lado hay que traer agua.
¿Usted se refiere a medir el impacto del volumen del caudal?
Sí, claro. En algún momento se están hablando de varios metros cúbicos por segundo, al final, cuando ya se termine la obra. Eso estamos hablando del orden de la magnitud del río Suquía, que tiene un caudal medio de 10 metros cúbicos por segundo. Entonces, es como meter otro río Suquía a la cuenca. ¿Qué va a ocurrir con los niveles freáticos? Porque el agua, tarde o temprano, va a terminar en el río o en el subterráneo. ¿Qué va a ocurrir con la laguna Mar Chiquita? ¿Qué va a ocurrir con las localidades vecinas, costeras, como Miramar, por ejemplo? ¿Qué va a ocurrir con los bañados del río Dulce, sitio protegido por la comunidad internacional? Digo…Insisto: ¿la obra es necesaria? Sí. ¿Es una buena idea? Sí, el Paraná tiene muchísima más agua de la que podríamos necesitar durante muchos cientos de años. Ahora, hay que evaluar el impacto para tratar de hacer las cosas de modo tal de minimizar ese impacto, el impacto no se puede evitar; hay que minimizar sus efectos. Pero alguien debería tener en cuenta estas cuestiones, que no sé si están tan claras.
Claro, estamos hablando de obras necesarias…
Hay obras que, tarde o temprano, hay que revisarlas. Por una cuestión de la demanda de la población, del suministro del agua potable. O sea, hay ríos que hoy están sin regular, regular significa que no tienen ningún embalse como tenemos nosotros en el San Roque, que nos permite almacenar el agua en la época de excesos hídricos y utilizarla en la época de la sequía, como son el río Anisacate, el río Mina Clavero…hay varios ríos todavía importantes en la provincia que no están regulados y suministran agua a decenas, miles de habitantes. El caso del río Anisacate es extremo. Porque tenemos ahí una comunidad de alrededor de 30 mil, 40 mil habitantes, entre todas las municipalidades y comunas, desde Anisacate hasta La Serranita y todas toman el agua del río Anisacate. La propia ciudad de Alta Gracia toma el agua de este río.
Y en este caso, ¿qué incluiría la regulación del río Anisacate?
Una presa de almacenamiento. Esa presa está proyectada desde hace 50 años, por lo menos. De otra forma no se almacena el agua, por lo menos no en las cantidades que hacen falta. Tal vez hoy en día no sea una buena idea hacer una gran presa, una única presa, tal vez sea una buena idea hacer microembalses, alguna técnica menos agresiva para el ambiente. Pero que algo hay que hacer, ¿de dónde va a sacar el agua esa gente en el futuro? Hoy ya tienen problemas. Estamos por empezar a trabajar con todas esas comunas, estamos por firmar un convenio, empezar un trabajo de investigación para detectar cuál es el impacto de todas estas extracciones de agua sobre el caudal del río Anisacate; porque es notable cómo el año pasado, que fue un año muy duro en términos de seca, estuvieron muy preocupados porque creían que se iban a quedar sin agua directamente. Claro, a medida que va bajando el río van tomando y el que está abajo se queda con nada. Y dependen exclusivamente del régimen hidrológico del río…O sea, se ven pasar las crecidas en verano, miles y miles de metros cúbicos de agua que se van. Y después, en invierno, se quedan sin agua para la gente. Entonces, si no se hace algo al respecto a haber severos problemas, sino hay que traer el agua de otro lado, no queda otra.
Entonces, ¿una de las obras que usted ve que haría falta es esta, en el río Anisacate?
No sé si es una sola obra, lo que sí sé es que hay que pensar una forma de almacenar el agua en Anisacate para proveer a esa zona que, evidentemente, va a ser la gran explosión demográfica en los próximos años en Córdoba, ya lo está siendo. Quizás se pueda trabajar con obras más pequeñas, microembalses, embalses no en línea sino off-line, o sea reservorios no en el cauce sino en los laterales; bueno, esto está muy condicionado por la topografía. Pero cuando se puede hacer es una forma de evitar actuar directamente sobre el ambiente ribereño. En el caso de Anisacate si existiera la posibilidad esto podría ser una solución, por lo menos para almacenar el agua de las crecidas y disponerla para lo que fuera. Pero bueno, esto requiere sentarse y plantear toda una estrategia ya no local sino a nivel regional. Ojalá este trabajo que estamos empezando ahora dé lugar para este tipo de soluciones, eso es un poco a lo que apuntamos.
El tema del cuidado y provisión del agua dulce es toda una problemática.
La echamos a perder, porque la contaminamos. Nadie toma agua de la freática, eso ya se sabe que está totalmente contaminado. Y aún así hay muchos acuíferos que tienen contaminación de origen natural, es cierto, en el sur de la provincia, por ejemplo, hay arsénico, hay una cuestión geológica que hace que esa agua no sea de calidad. Pero no es el caso de la zona donde estamos; es más, la ciudad de Córdoba durante muchos años se abasteció principalmente del agua subterránea hasta que se empezó a degradar de tal forma la calidad que tuvieron que sacar los pozos. Pero no se degradó por un efecto de la naturaleza, se degradó por nuestros ancestros, que la contaminaron. Entonces, nosotros mismos destruimos la principal fuente de agua potable o agua dulce que tenemos en esta zona del centro del país, que es el agua subterránea. Es un gran problema.
¿Qué otro desafío ve en estos momentos, en cuanto a líneas de investigación que están desarrollando en Hidrología?
Bueno, lo que nosotros hemos terminado el año pasado, y ahora estamos continuando en la misma línea, es cómo aprovechar la información que ya hace varios años los sistemas de satélites que permiten monitorear de forma remota distintas informaciones y que permiten por ejemplo monitorear precipitaciones, cómo utilizar esa información para generar lluvias de diseño. Una lluvia de diseño es un lluvia hipotética, probablemente no ocurra nunca, pero que le sirve al ingeniero para diseñar las obras, porque tiene una probabilidad de ocurrencia asociada. ¿Cómo se hacía eso tradicionalmente? Bueno, teníamos que tener un registro pluviométrico, un pluviómetro, una serie pluviométrica, de muchos años, extraer los máximos anuales y con esto hacer un análisis estadístico y decir, “bueno, la lluvia que tiene 10 años de recurrencia, la uso para diseñar bocas de tormenta; la de 50 años para diseñar un puente y la de 100 años, para diseñar un dique”. Es decir, dependiendo de la importancia de la obra, la recurrencia. El problema que tiene la Argentina es que tiene muy pocas series pluviométricas o pluviográficas de suficiente extensión de calidad en relación al territorio enorme que tiene. Entonces, hay enormes regiones del país que no tienen lluvias de diseño. Y los ingenieros que tienen que diseñar obras en esos lugares tienen que traer datos de otro lado que no tienen nada que ver con la realidad. Nosotros hemos trabajado en los últimos años en utilizar esa información satelital que está disponible libremente, -hay productos que tienen más de 20 años de mediciones continuas- con sus errores, con sus limitaciones, pero trabajamos para tratar de ver cómo utilizar eso para generar un mapa de mucha mejor calidad, de mejor resolución; de cómo son las precipitaciones de diseño en el país para distintas recurrencias. Y esto está por salir ahora, en el número de Mayo- Junio, en la revista “Tecnología y Ciencias del Agua”, que es la mejor revista en español sobre el tema del agua, la editan en México. Y en breve estaremos haciendo una conferencia abierta al público, aquí en nuestra Facultad, para presentar estos resultados. Queremos que los resultados de esta investigación estén publicados en nuestra página web de la Facultad y accesibles para que cualquier persona pueda ver, por ejemplo, “en este lugar del país cuánto es la lluvia de diez años de recurrencia”; hace clic en el mapa y ahí le aparece la lluvia. Que esté disponible al público, porque esto es producto de la investigación pagada por el Estado, así que tiene que estar disponible para la gente.
Claro, y esta información condicionaría las obras de ingeniería civil.
Sí, claro, totalmente. No sólo las condicionaría, sino que le daría al ingeniero, al proyectista, herramientas que hoy no tiene. Porque tiene que recurrir a valores extrapolados de lugares totalmente alejados, que no tienen nada que ver con su realidad. Sin ir más lejos, si uno entra a la página web del Servicio Meteorológico Nacional y ve el mapa de lluvias, podrá ver que toda la región de la Puna aparece vacía. ¿Por qué? Porque no hay un solo pluviómetro. Entonces no hay datos. Entonces, ¿qué pasa si yo tengo que hacer una alcantarilla en la ruta 40 en Jujuy, por ejemplo? No sé…no hay datos. Ahora, nosotros sí tenemos las lluvias de diseño generadas en forma sintética a partir de los datos de satélite. Con sus correcciones, con sus errores, pero están. Hay información y por eso creemos que es un aporte genuino y por eso queremos difundirlo a la población en general, y después daremos charlas en el Colegio de Ingenieros y en otras instituciones; también lo presentaremos en el Congreso del Agua que se hará en Buenos Aires, en junio. La idea es difundirlo y que esté disponible permanentemente, vía la página del Laboratorio a través de la página web de nuestra Facultad. Esto es algo que me da mucha satisfacción, generar un producto que sea útil para la comunidad, para los colegas.